¡Hola a todos! Hoy nos bajamos del tren de la tecnología para hablar de algo más profundo: la dignidad de nuestra labor. En este 2026, estamos rodeados de analíticas que pretenden medir el éxito educativo en gráficas, pero hoy quiero denunciar la injusticia de la evaluación docente estandarizada y punitiva.
El Espejismo de la Calidad Educativa
A menudo escuchamos en los ministerios y despachos que "lo que no se mide, no se puede mejorar". Es una frase elegante, pero en educación es una verdad a medias que se ha convertido en una mentira peligrosa. Hemos confundido medir con juzgar. En este 2026, hemos perfeccionado los algoritmos de asistencia y las plataformas de tareas, pero hemos deshumanizado el proceso de mirar a quien enseña.
El Mito del "Resultado del Examen"
No podemos ser evaluados exclusivamente por las notas de nuestros alumnos. Evaluar el "producto" final ignora el proceso humano. Imagina a un docente que recibe un grupo en una zona de alta vulnerabilidad. Muchos de esos niños llegan sin desayunar, con crisis familiares o con un rezago académico de años. Si ese profesor logra que un alumno recupere la confianza en sí mismo y no abandone la escuela, ha tenido un éxito rotundo, un éxito heroico. Sin embargo, en la hoja de Excel del evaluador, ese alumno aparecerá como un "insuficiente", y esa etiqueta recaerá sobre el maestro. Evaluar sin considerar el contexto no es estadística, es crueldad.
El Absurdo Cronológico: años resumidos en 45 minutos
Este es quizás el punto más kafkiano de nuestro sistema. En muchos países, un docente debe esperar hasta siete años para ser evaluado formalmente. Siete años equivalen a más de 1,200 días de trabajo, miles de horas de planificación, cientos de crisis resueltas en el recreo y noches en vela corrigiendo exámenes o diseñando estrategias para aquel alumno que "no arranca".
Lo increíble es que, tras toda esa trayectoria, el sistema decide que tu calidad profesional depende de la observación de una sola clase, de un solo día.
- La Invisibilidad del Esfuerzo: Se ignora el 99.9% de tu carrera. No importa si fuiste el mentor favorito de la generación pasada; lo que importa es si tus diapositivas cumplen con el estándar del manual en ese preciso instante.
- El Factor Azar: Si ese día los alumnos estaban inquietos por un evento escolar, o si tú, como ser humano, estabas lidiando con una pérdida o una enfermedad, tu calificación se desploma. Se juzga una "foto fija" en lugar de valorar la película completa.
El Impacto Psicológico: La Espada de Damocles
Este método no es una herramienta pedagógica; es un mecanismo de presión que afecta la salud mental.
- Ansiedad de Rendimiento: Jugarse el sueldo, el escalafón y la permanencia en un "show" de 45 minutos genera niveles de cortisol que terminan en burnout.
- La Mirada del Extraño: Quedar a merced de la "apreciación" de un evaluador externo que no conoce a tus alumnos, que no sabe que Pedrito hoy está llorando porque su perro murió, o que el proyector de esa aula falla cada diez minutos, es una falta de respeto a la autonomía docente. No se evalúa tu competencia, se evalúa tu capacidad de actuar bajo una presión extrema.
La Trampa de la Evidencia Administrativa
En 2026, parece que enseña mejor quién mejor llena los formularios digitales. Se ha creado una casta de "docentes burócratas" que son expertos en cumplir con la plataforma, pero que han perdido la chispa en el aula. Un sistema que premia la carpeta decorada por encima de la conexión emocional con el estudiante es un sistema que ha perdido el norte.
⚠️ Nota del Profe: No dejes que una métrica vacía defina tu valor. El sistema puede intentar reducirte a un número o a una observación de 45 minutos, pero recuerda que tú eres el arquitecto de realidades que ningún evaluador externo puede ver en un solo día. Usa la tecnología para documentar tus logros diarios, pero nunca permitas que un algoritmo o un juicio subjetivo apague tu vocación. ¡Tú eres el profesional, no el examen!
Hacia una Evaluación que Dialogue
Si en el aula predicamos la "evaluación continua y formativa" para nuestros estudiantes, ¿por qué aceptamos una evaluación "instantánea y punitiva" para nosotros? Una evaluación justa debe ser un diálogo, un acompañamiento que valore la trayectoria, la adaptación al contexto y, sobre todo, la humanidad. No somos piezas de una fábrica; somos el motor de la sociedad.